CRÓNICA DESESPERANZADA
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Oscila en la tarde hamacando hijos que no nacieron
en una plaza sin palomas.
inventa leches tibias como alientos tejiendo telarañas con los huesos.
Regresa en la noche.
Domingo roto y brújula luna
La mirada atascada contra paredes húmedas
El mismo sabor a sopa
El mismo ardor de lágrimas
con cucarachas equilibristas en la cocina
y malvones secos en latas.
Se duerme al amanecer
Ojeras y los pies frios
Arrullando sueños mendigos
que agonizan sin ruido
en el cuarto sin ventanas.
EL TRIUNFO DE LOS OTROS
Todo el tiempo tironeaban de sus párpados.
Para que no siguiera soñando sueños, tironeaban de sus párpados y la condenaban a
ver.
Él la torturaba por la noche y los niños adiestrados durante el día
Pero cuando esa vez se acercaron, a dentelladas destrozó sus dedos o la sombra de
sus dedos y huyó por las calles angostas y en tinieblas.
Corrió a lo largo del río, recién nacida bajo la lluvia, se estranguló en laberintos, llamó a
puertas sordas, atravesó el basural...
Bultos enormes rodaban entre las cenizas, perros y aves oscuras la seguían...
De pronto el viento secó la lluvia y desde una cornisa cayó una red.
Aterrorizada saltó hacia el costado, hacia atrás, hacia adelante...
La luna resplandeció febril y ella siguió saltando y sus perseguidores se
aplanaron sobre el asfalto.
Agitó los brazos, estiró el cuerpo, tensó las piernas...quiso subir, subir
cada vez más...pero chocó contra postes y antenas, se enredo entre cables y no pudo
sobrepasar la altura de los techos.
Al llegar el alba, estaba en la terraza de sus casa entre los simples malvones y las calas
dormidas.
Por costumbre descolgó la ropa todavía húmeda, por costumbre preparó el desayuno
y los despertó
Cuando se sentaron a la mesa ella estaba ciega pero con los ojos bien abiertos y ellos
la miraron muy complacidos.
CRÓNICA DESENCADENADA
Amor anónimo que estalla
oculto tras la ventana abierta.
Cadencias que embriagan
Ascienden, descienden y otra vez escalan
Dejan sobras de fatiga al amanecer
Ojeras azules y largas; hastío
Mendrugos que recogen las aves
Restos rancios de un banquete
abandonado a orillas del río
La partida lenta y agobiada
Que oculta el pudor bajo la ropa arrugada
Derrite el sol las huellas del sudor
Y evapora la fragancia agria
Cadencia que asciende, desciende y otra vez escala
Y vuelve para repetir el lamento agudo de uno
Hasta el sol un nuevo grito de dos.
Estampido, hastío
Y otra vez partir
Con más fatiga cada vez
Y mayor desencanto
Hasta que ningún ave
regrese ya a orillas del río.
Bello poder respirar el sol en medio del laberinto de los desiertos.
ResponderEliminarEsto de ver la belleza en todo el deslucido escenario con los ojos cerrados cuando se abren plenos para dormir la crónica de los olvidos... y nada, nada... aves, sol, alas, nada cuando todo canta en las aguas.
Un gran cariño, amiga.